Ben-Gvir brinda con champagne por la pena de muerte para palestinos

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Ben-Gvir brinda con champagne por la pena de muerte para palestinos Un ministro del gabinete israelí celebra bailando la formalización del asesinato de palestinos. La imagen no es una anomalía: es un espejo. Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional del gabinete de Netanyahu, fue captado…

Ben-Gvir brinda con champagne por la pena de muerte para palestinos

Ben-Gvir brinda con champagne por la pena de muerte para palestinos

Un ministro del gabinete israelí celebra bailando la formalización del asesinato de palestinos. La imagen no es una anomalía: es un espejo.

La escena

Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional del gabinete de Netanyahu, fue captado celebrando con champagne la aprobación de la pena de muerte para palestinos. No hubo solemnidad ni gravedad institucional. Hubo brindis y baile. Una fiesta por la formalización legal del asesinato.

Gak describió la escena como la expresión de "un mal demoníaco": alguien que puede bailar y brindar "por la formalización del proceso de asesinato de figuras bajo las acusaciones normalmente espurias de terrorismo". No es retórica. Israel ha levantado esas acusaciones contra niños, mujeres, ancianos, periodistas y médicos. La categoría de "terrorista" funciona como un comodín que autoriza cualquier cosa.

Lo que el champagne hace visible

Sería tentador leer esta escena como el desborde de un funcionario extremista, una figura marginal que no representa al sistema. Gak rechaza esa lectura de plano. "Todo lo que están viendo es el espejo de lo que Israel es", señaló, y agregó que se trata de "la proyección más clara de lo que Israel ha hecho, no solamente en Gaza, sino en Cisjordania, en Líbano y ahora en Irán, por los últimos dos años y medio, incluso por los últimos 80".

Ben-Gvir no es un glitch del sistema. Es su producto más coherente. Un estado que mantiene un régimen de apartheid, que bombardea poblaciones civiles y que detiene a miles de personas sin cargos no necesita disfrazarse de democracia cuando un ministro destapa champagne por una ley de muerte. La máscara ya se cayó hace tiempo.

Según Gak, esta imagen "hace expreso lo que todos sabemos: que es un estado apartheid, que es un estado cruel, cínico, donde la democracia es simplemente un slogan vacío". La celebración no revela algo nuevo. Vuelve innegable lo que ya era evidente.

El intento de distanciamiento

Gak señaló un fenómeno predecible: los propagandistas sionistas que ahora intentan tomar distancia de las imágenes de Ben-Gvir, "reconociendo que son simplemente horrendas". Es un mecanismo conocido. Cuando la brutalidad se vuelve demasiado explícita para ser defendida, se la presenta como una excepción. Se sacrifica al personaje para salvar al sistema.

Pero el sistema es el que produce a Ben-Gvir. Es el que aprueba leyes de pena de muerte para una población ocupada. Es el que permite que un ministro celebre la muerte como si fuera un triunfo deportivo. Distanciarse de la imagen sin cuestionar la estructura que la genera no es crítica: es relaciones públicas.

La celebración de la muerte como política de estado

Gak fue contundente al cerrar su análisis: "Esta no es la culminación de la degradación moral de Israel. Esto es el espejo más fidedigno de lo que Israel es: la celebración de la muerte, un baile macabro que parece de hecho no tener fin".

No estamos ante un punto de inflexión. No hay fondo. La degradación no tiene un piso porque no es un accidente: es la lógica misma del proyecto. Cada ley, cada operación militar, cada detención administrativa construye el escenario donde un ministro puede bailar con una copa en la mano mientras se aprueba el derecho formal a matar.

El champagne de Ben-Gvir no abre una era nueva. Simplemente ilumina con luz estroboscópica lo que ya estaba ahí: un estado que no solo administra la muerte, sino que la festeja.

Fuente / Martin Gak